Era una vez una flor que nació en medio de piedras. Quién sabe como consiguió crecer y ser una señal de vida en medio de tanta tristeza...
Pasó una joven y quedó admirada con la flor. Luego pensó en Dios, agradeció y la dejó allí; no quiso cortarla para no matarla. Mas, días después, vino una tempestad y la flor murió...
Pasó una niña y vio que aquella flor era parecida a ella: bonita, pero sola.
Decidió volver todos los días. Un día le trajo tierra, otro día la podó, después le hizo un cantero, le colocó abono...
Un mes después, donde había piedras y una flor, había un jardín.
Así se cultiva una amistad...
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